Montevideo.

11.11.1977. Un resumen sobre las letras en mi vida: En los estudios empecé bien en matemáticas pero lentamente me fui desinteresando y descubrí la escritura en la materia composition del St Andrews School -donde cursé la primaria. Saqué algunos 10, otros 8 y sincronicé inconscientemente los conocimientos acumulados de lo que leía en casa (national geographic-el gráfico-lucky luke) con lo que ponía en las redacciones. Logré algunas conexiones de frases bien enganchadas.

Despúes vino la fase más rebelde de mi vida. Me puse áspero y desinteresé por todo menos por fumar cigarros y coleccionar porno hasta que entré en otra fase. Punk rock. Esta era coincidió con el liceo. La música, toques y toda la movida nocturna encendió los textos otra vez -abrí mi propio fanzine Mi Pequeño Gobernador, una revistita blanco y negro para hablar de música (las bandas de mis amigos en el underground) y lanzar manifiestos de amor y revolución. En 2001 me tatué Los Nuevos Románticos en el pecho. Uno de esos tatuajes que implican compromiso. Lo hice al final de un viaje con mi banda Hablan por la Espalda por Brasil. Fue una gira intensa en la que conocimos a los monos-fuma-hierba unos hombres con habilidades selváticas y en otro pico de la aventura fuimos atracados por ciclistas armados en una playa de Santos. Expulsados de un escenario en Sao Roque.

Cerca de 2004 inicié mi época de internet. Antes acudí al taller de Mario Levrero (QEPD) en la Ciudad Vieja. Acababa de mudarme al barrio de Palermo (Montevideo eh) con mi ex mujer y mis amigos, caminaba todos los viernes hasta el taller del escritor. Después vino lo primero que hice en internet, que coincidió con mi salida del taller en cuestión: una nueva gira con HPLE, pero por Europa. Me encargué de una bitácora de ruta, desde los cybercafes que iba a encontrando en Alemania mientras me sentía más vital que nunca. Era el efecto de las montañas, las imágenes desde la ventana de la camioneta, los conciertos demoledores y las burbujas de la cerveza. Cuando volvimos registramos el fotolog de la banda y publiqué cientos de relatos más. Todos relacionados con nuestro estilo de vida. El mío y de mis hermanos.

En 2005 aprox. ofrecí mis servicios a La Diaria, un periódico joven que comenzaba a salir en ese entonces. Le mande un mail al editor de cultura y conseguí unas notas como colaborador. Estaba estudiando psicología (después dejé) y no tenía la menor idea de cómo se ejecutaba el trabajo de periodista. Una de las primeras entrevistas que mandé medía más de 25.000 caracteres (!). De a poco me afiné. Cuando estuve convencido mandé otro mail, a un redactor de Rolling Stone que una vez me había entrevistado por mail. Aceptó mi plan para un artículo cubriendo un evento de rock en el campo. Lo hice en el método hardcore e insolitamente salió publicada. Parte del mainstream local me hizo la cruz después de leerla porque decía que sus bandas tenían “guitarras de juguete”.

Con interrupciones seguí escribiendo para la revista de Argentina, principalmente introduciendoles bandas de la escena subterránea de Montevideo. Mi primer trabajo oficial de 8 hs como periodista me fue ofrecido por El Observador en 2007. Estuve en esa redacción durante casi 3 años y aprendí la mayor parte de lo que sé del oficio. Gané velocidad (de la que carecía), astucia, audacia, perspicacia. Perdí timidez y cobardía. Ver trabajar a personas que saben hacer lo que uno pretende hacer tiene que ser la mejor manera de aprender. Me mantuve alerta. Hasta que me despidieron -aunque no fue mi culpa sino del $. Eso dijeron.

Salí por la puerta y volví caminando. Comí una muzzarela y un chopp en el bar de la esquina de casa con mi mujer mientras trataba de encontrar una explicación. Al poco tiempo me llegó una proposición de trabajo de parte de una revista gourmet llamada Placer, más tarde renuncié y pasé a otra llamada Bla. Es en donde hoy me desempeño, solo que lo hago desde casa. Además colaboro para otras publicaciones y cualquier tipo de firma o individuo que requiera de los servicios que puedo proporcionar…Estos involucran decir las cosas, con temple y la mayor elegancia posible.